La aparición del vegetarianismo viene de épocas arcaicas, gracias a la trascendencia con la que fue tomado este tipo de alimentación en el pensamiento de algunas culturas y movimientos sociales. Jainistas, sacerdotes egipcios, hindúes, budistas, yogis, griegos, romanos y hippies son algunos de los que promovieron un estilo de vida dirigido a la no violencia (ni siquiera en sus platos) en todo el mundo.Y ¿qué hay de Colombia? Los platos típicos y una cultura conservadora han hecho, en parte, que este país con respecto a otros haya sido más lento en adoptar el vegetarianismo. Por ejemplo, En 1968 existían treinta y cuatro restaurantes vegetarianos en Inglaterra, mientras que, en la misma época, en Colombia no se alcanzaban a sumar diez restaurantes en todo el territorio.Hay tres posibles superficies de emergencia del vegetarianismo en el país: religiones, culturas, conciencia por la salud y movimientos protectores de animales.

Comencemos con la Gran Fraternidad Universal: organización que promueve redes que impulsan procesos culturales y educativos para la calidad de vida de las personas. Fue fundada en 1948 en Caracas, Venezuela, y llegó a Colombia aproximadamente hace cincuenta años. Esta fraternidad tuvo un papel drástico en la conciencia de algunos, que debido a la nueva información sobre salud, cursos de cocina, talleres de yoga y centros esotéricos, optaron por el vegetarianismo. La GFU fue la que instauró el primer restaurante vegetariano en la Capital, ubicado en la calle veintidós con carrera novena.

Luego, hacia 1975, Ruth Botero sería parte de los pioneros en el tema de la comida vegetariana: fue la primera que vendió lecitina de soya; germen de trigo (elevado contenido de vitaminas del grupo B); levadura de cerveza (complemento alimenticio que suministra al organismo proteínas completas); y alfalfa. Por la misma fecha, fue propietaria del segundo restaurante sin carne: El trópico. Y luego, arrendó cinco locales más para el mismo servicio. Estos han ido desapareciendo y El Champiñón, carrera octava con dieciséis, es el establecimiento fruto de ese esfuerzo. Para Ruth, de setenta y ocho años, la concepción del vegetarianismo ha cambiado porque antes era tildado de comer solo verduras insípidas y poco alimenticias, pero hoy es una realidad que la variedad, sabor y nutrición de la dieta.Un dato importante, según el Ministerio de Educación, es que la homeopatía fue reconocida legalmente en Colombia en 1905. Así, entre los homeópatas, nunca han faltado los que promuevan las bondades del vegetarianismo, al contrario de muchos médicos occidentales, quienes aún piensan que este no es una manera adecuada para alimentarse.Isabel de Vásquez tiene setenta años y es vegan (no consume nada de origen animal) hace treinta. Junto con su esposo, José, comprendieron a través de la Iglesia Adventista La Reforma el respeto por la vida de los animales y lo perjudicial que es la carne para la salud. Hace tres décadas, solo habían pocos restaurantes vegetarianos y conseguir alimentos proteicos no era fácil. ¿Salchichas de soya? ¿Gluten? ¿Tofú? Muy pocos sabían en qué idioma se hablaba. Pero en la Iglesia les enseñaron a José y a Isabel a elaborar estos productos, aunque con gran esfuerzo y poco sabor.A José le interesaba potenciar la salud de las personas, por lo que empezó a vender panes integrales que, al comienzo, no tuvieron mucha acogida.

Eso sucede, generalmente, cuando una cultura intenta entrar a otra y borrar los preceptos que ésta tiene con respecto a, por ejemplo, la nutrición. Luego, a principio de los ochentas, Isabel, con el mismo interés de su esposo, abrió uno de los primeros restaurantes vegetarianos de la ciudad “La Reforma”. Estuvo en sus manos por veinte años, llenos de obstáculos, y hace cinco es propiedad de su hijo William Vásquez quien le dio el nombre “La Esquina Vegetariana” y lo juntó con un exitoso negocio de panes integrales “Pan de Nobles”.Esto es un cambio lento y hoy en día se ven los resultados: en Bogotá hay, al menos, cuarenta y dos restaurantes vegetarianos a los que acuden, en su mayoría, gente no vegetariana que busca una alternativa saludable; también en la Capital hay cuatrocientos treinta centros de medicina alternativa, entre tiendas naturistas; platos típicos como el ajiaco, bandeja paisa o tamal también pueden ser degustados sin productos animales y con un buen sabor; y algunos nutricionistas ya empiezan a recomendar la dieta vegetariana para personas con problemas del hígado, triglicéridos, colesterol, ácido úrico, sobre peso, estreñimiento, entre otras dolencias.En esta línea histórica que he empezado a trazar, vemos cómo la noción de la comida y pensamiento vegetarianos han cambiado. Antes, la dieta vegetariana se limitaba a los cereales, verduras y legumbres que afortunadamente son fruto de un país lleno de recursos como Colombia, pero no había toda clase de salsamentaria vegetariana o productos integrales que complementaran la dieta saludable, ya que llegaron a Colombia hace diez años gracias a distribuidoras como Sabyi y Alves de Medellín. Ahora usted puede encontrar en su versión vegetariana: medallones de ‘pollo’, nugets, muchacho relleno, salchichas, mortadela, jamón, carne para asar, hamburguesa y ‘perniles’.

Ahora bien, “de tal palo tal astilla”: muchos vegetarianos lo son porque sus padres les inculcaron desde pequeños la salud, el respeto a los animales o la religión.Por ejemplo, Ignacio y Aurora Cifuentes: padre e hija vegetarianos hace treinta y ocho años. Ignacio se hizo vegetariano por la enseñanza de “La Ciencia del alma” una cultura que llegó de la India y Aurora dice, en otras palabras, que lo llevaba en la sangre, incluso fue ella la que le dio el ejemplo a sus padres. Cuentan que al principio tenían que mandar a trillar el arroz especialmente para ellos, ya que arroz integral tampoco había. También son dueños del restaurante “Zukini”, una muestra más de que se puede comer rico, variado, económico y saludable. Además, al ver a Ignacio, de ochenta y tres años, son visiblemente comprobables los buenos efectos del vegetarianismo: él es un hombre lúcido y saludable.Los Hare Krishnas, las culturas hindúes o chinas alojadas en Colombia y las escuelas de yoga han sido otros promotores importantes del vegetarianismo al abrir los primeros talleres de cocina vegetariana y conferencias con abundante información en contra de la carne. Esa concienciación la podemos situar aproximadamente en los años sesenta, fecha importante para el auge del vegetarianismo por el movimiento contracultural en los Estados Unidos en el que los jóvenes se rebelaron ante las reglas establecidas. La contracultura abrazaba el socialismo, el amor, el vegetarianismo, las drogas blandas, la participación de la mujer en la sociedad, la paz, la magia blanca, el ocultismo, lo místico y metafísico, y todo aquello que la ciencia y la racionalidad habían derivado (Extraído de "La Historia Vegetariana desde Adán y Eva al Siglo XXI").

Hoy en día, muchas industrias cárnicas, por su afán de aumentar rápidamente sus ganancias, ha optado por criar a sus animales en condiciones muy crueles, suministrándoles químicos de engorde que cada vez asustan más a la gente que se preocupa por su salud. Eso sin hablar de los graves efectos para el planeta del sobrepastoreo y la contaminación derivada de los residuos animales.Finalmente, las asociaciones protectoras de animales. En Colombia hay, al menos, diez organizaciones que protestan en contra del sufrimiento que algunos, por experimentación, entretenimiento o cultura, le inflingen a otros seres vivientes. La más antigua es ADA (Asociación Defensora de Animales y del Ambiente), que se fundó en Bogotá en 1964. Aunque no es norma, muchos de ellos son vegetarianos al concienciarse de que también hay dolor en la historia de su ‘plato’.

Laura Juliana Muñoz es Estudiante de periodismo de la Universidad Javeriana, redactora del blog “Médico Urbano” de eltiempo.com e integrante del proyecto Código de Acceso de la Casa Editorial El Tiempo.